miércoles, noviembre 26, 2008
FIN A LA TELEVASURA
Dijo John Lennon: "¿Te imaginas que se declarara una guerra y no fuera nadie?". Y después, a finales de 1969, con los Estados Unidos metidos hasta las tripas en el asunto de Vietnam, realizó una campaña basada en anuncios en periódicos y carteles en vallas publicitarias en donde se leía "La guerra ha terminado (si tu quieres)". ¿Os imagináis, queridos lectores de "625 ranas", que Telecinco pagara 300.000 euros a Julián Muñoz por una o dos entrevistas y no las viera nadie? ¿No nos damos cuenta de que la telebasura ha terminado (si nosotros queremos)? Podemos hacerlo, estoy convencido. Sé que muchos pensaréis que es imposible, que por supuesto que vosotros no vais a ver la vileza de programa que Ana Rosa Quintana tiene pensado perpetrar con el ex-alcalde de Marbella pero que no hay forma de impedir que ese programa sea un bombazo de audiencia que llene de escombros todas las cadenas que se encuentran en un radio de dos o tres botones del mando a distancia. Y sin embargo estoy convencido de que podemos conseguir que ese programa fracase estrepitosamente. Será la euforia de estos días, será el subidón de saber que vivimos fechas que figurarán en los libros de texto, pero me resisto a creer que a la audiencia televisiva, absolutamente harta de que la tomen por imbécil, no le apetezca pasar a la Historia el próximo fin de semana. No será fácil, pero podremos si lo intentamos entre todos, si divulgamos esta idea en blogs, entre los amigos, en el trabajo, en los foros que frecuentamos. Se trata de convertir el retorno de Julián Muñoz en un símbolo de lo que nos tiene asqueados, de empezar a ser espectadores activos y no limitarnos a ver obedientemente lo que nos mandan, de protagonizar por fin los titulares de los periódicos. Hay que ir de puerta en puerta, enviarlo en SMSs, comentarlo en las aulas y los supermercados. "No veas la entrevista a Julián Muñoz". Así de sencillo. La guerra ha terminado (si queremos). Podemos hacerlo. Estoy convencido. Sí, podemos. Con la puta crisis están echando a la gente a la calle, no hay curro y resulta que van a pagar a un ladrón !!!!!50 millones de pesetas!!!!! por decir babayadas por la tele; VERGONZOSO!!!! En serio teneis que remitir este mensaje para que llegue lo más lejos posible. Ya esta bien de joder. Lo mejor es encender la tele y poner otro canal que no sea tele 5 para que contabilizen los indices de audiencia y aumenten los de otras cadenas en detrimento de los de telecinco. Teneis un articulo en la Nueva España del 12 de noviembre, en la página de critica televisiva de Antonio Rico. http://www.noveaslaentrevista..com/
miércoles, julio 02, 2008
El Fin del Mundo.
Me he mamado otra puta tertulia sobre la condena del planeta. Que no existen evidencias científicas sobre nuestra culpabilidad en el cambio climático, que se trata de un fenómeno natural y cíclico, y patín y patán, y patrañas que me ponen hasta el culo de la misma conversación deshumanizada e inconsciente. Me aburro de lo que me preocupa, porque hartos de mensajes confusos estamos más preocupados de enfrascarnos en debates inútiles en vez de buscar y aplicar soluciones que palien medianamente las consecuencias irreversibles que ya nos azotan.
Toda la discusión sobre el efecto invernadero se simplifica si creo en mis sentidos, escucho a los mayores, y leo el libro de la escuela de cualquier infante. Aunque no basten las evidencias científicas, y nos perdamos en debates con alientos saturados, siempre nos quedara la razón incluso en la densidad de nuestras neuronas.
Debemos superar la etapa de diagnóstico y centrarnos en alcanzar consensos que nos permitan luchar por salvar a nuestra especie contra aquellos cuyo único interés pivota en añadir ceros delante de unos y nueves. Y ya no quedan más lecturas salvo las oportunistas y movidas por intereses de vaya usted a saber usted que tipo de personajes. Tal vez no saben que la identidad más auténtica permanece enmascarada en los miedos que tratan de obviar.
Otra reflexión al hilo de este asunto evidencia que cada vez que se habla de este tema canta un grillo en nuestro jardín, que narcotiza y sacrifica nuestra razón para dar la voz a frases hechas y palabras resabidas. Al igual, el hecho de reflexionar sobre el mismo asunto, a pesar de su coste en recursos mentales puede ayudarnos a encontrar nuevas fórmulas para la salvación.
Toda la discusión sobre el efecto invernadero se simplifica si creo en mis sentidos, escucho a los mayores, y leo el libro de la escuela de cualquier infante. Aunque no basten las evidencias científicas, y nos perdamos en debates con alientos saturados, siempre nos quedara la razón incluso en la densidad de nuestras neuronas.
Debemos superar la etapa de diagnóstico y centrarnos en alcanzar consensos que nos permitan luchar por salvar a nuestra especie contra aquellos cuyo único interés pivota en añadir ceros delante de unos y nueves. Y ya no quedan más lecturas salvo las oportunistas y movidas por intereses de vaya usted a saber usted que tipo de personajes. Tal vez no saben que la identidad más auténtica permanece enmascarada en los miedos que tratan de obviar.
Otra reflexión al hilo de este asunto evidencia que cada vez que se habla de este tema canta un grillo en nuestro jardín, que narcotiza y sacrifica nuestra razón para dar la voz a frases hechas y palabras resabidas. Al igual, el hecho de reflexionar sobre el mismo asunto, a pesar de su coste en recursos mentales puede ayudarnos a encontrar nuevas fórmulas para la salvación.
domingo, abril 20, 2008
Cambios
Gravo a fuego en los engranajes de la mente aquellas palabras que definen la historia como una “sucesión sucesiva de sucesos sucedida sucesivamente” y la memoria enciende la llama de la nostalgia para acto seguido evadirme en conjeturas futuristas que me alejan de la ciencia ficción que me inculcaron las películas. Tal vez caí en la insensatez de buscar el futuro en el cine, como quien acude al vidente una tarde de domingo.
Lo que nadie me explico, tal vez, lo que nunca quise entender era un futuro impregnado por esa sucesión sucedida de sucesos, y de ahí mi frustración por presenciar una realidad progresiva cuando esperaba una realidad repentina. Todo ocurre poco a poco y de repente, algo que me induce a un estado adormecido permanente, a la incapacidad de entender una realidad objetiva como primer paso para enfrentarme a ella. Si el cambio climático se hubiera concretado en una serie de cambios repentinos seguramente la humanidad hubiera tomado medidas drásticas para solucionarlo pero el cúmulo de hechos aislados espaciados en el tiempo parece quitarle gravedad al más cruel de los asesinatos (el de toda una especie).
Y al final todo radica en la capacidad para adaptarnos a la realidad de un reloj que se acerca al infinito.
Juan J. Aguiar.
Lo que nadie me explico, tal vez, lo que nunca quise entender era un futuro impregnado por esa sucesión sucedida de sucesos, y de ahí mi frustración por presenciar una realidad progresiva cuando esperaba una realidad repentina. Todo ocurre poco a poco y de repente, algo que me induce a un estado adormecido permanente, a la incapacidad de entender una realidad objetiva como primer paso para enfrentarme a ella. Si el cambio climático se hubiera concretado en una serie de cambios repentinos seguramente la humanidad hubiera tomado medidas drásticas para solucionarlo pero el cúmulo de hechos aislados espaciados en el tiempo parece quitarle gravedad al más cruel de los asesinatos (el de toda una especie).
Y al final todo radica en la capacidad para adaptarnos a la realidad de un reloj que se acerca al infinito.
Juan J. Aguiar.
jueves, marzo 13, 2008
LOS QUE ESTÁN Y LOS QUE LLEGAN
El cambio es inevitable y persistente por defecto en la razón humana, nada es igual a cada momento a pesar de posibles concepciones confusas. Lo veo en tus ojos, y lo veo en la actitud de un mendigo que juega a tener habilidades excepcionales, cuando su mejor habilidad es engañar a los mortales mediante sobrecogedores trucos de ilusioniosmo, incapaces, sin embargo, de regatear su propia mendicidad, lo mismo que el payaso de circo cuando abandona la carpa maldiciendo a los niños que ríen, en el mismo paradero que las pseudocieincias, llenas de hipótesis sin sustancia.
El cambio es inevitable y persistente, lo noto en Alberto, Sergio o Armando, que ahora nacen, y son bebes, y percibo el intenso proceso de socialización que les toca vivir, pues cuando mi historia apenas avanza ellos ya hablan latín. Es una nueva generación que abre los ojos de un tiempo sin treguas, que me impulsa al abandono de una infancia para descubrir el adulto que renuncio a ser.
Supongo que tengo el síndrome de “La mili en la mochila” del que hablan los viejos intelectuales y experimentados. Tal vez tengo celos de no tenerlos. A pesar de esto todo sigue ocurriendo.
El cambio es inevitable y persistente, lo noto en Alberto, Sergio o Armando, que ahora nacen, y son bebes, y percibo el intenso proceso de socialización que les toca vivir, pues cuando mi historia apenas avanza ellos ya hablan latín. Es una nueva generación que abre los ojos de un tiempo sin treguas, que me impulsa al abandono de una infancia para descubrir el adulto que renuncio a ser.
Supongo que tengo el síndrome de “La mili en la mochila” del que hablan los viejos intelectuales y experimentados. Tal vez tengo celos de no tenerlos. A pesar de esto todo sigue ocurriendo.
jueves, febrero 21, 2008
RESPIRANDO EL SABER
A veces tengo la impresión de estar inmerso en alguno de los diferentes capítulos desde los que interpreto la vida. En éste capítulo reflexiono sobre las dudas de acercarme a la ciencia como mecanismo para descubrirme a mí, y más concretamente en la conveniencia de hacerlo. Sí, en mi mundo interior hay tertulia, así que me evado de la realidad externa, y me sumerjo en la virtualidad (o realidad paralela) de mis pensamientos. No, no se trata de un debate orientado a determinar una postura y quedarme tan ancho, sino de profundizar en las consecuencias emocionales que provoca el saber, para intentar determinar la medida en que me afectan como ser humano. Así podré descubrir si me compensa más el conocimiento o la ignorancia, aunque presiento que la respuesta está en la personalidad de cada individuo.
Uno de los ejemplos más subrayados durante este capítulo que me ocupa es el siguiente; Si desconociera que la vida culmina en el episodio de la muerte, nunca hubiera tenido pesadillas, ni me hubiera atormentado la idea de morir, de tal forma que la propia ignorancia me protegería de padecer y sufrir mi destino. Si embargo, la conciencia de un capítulo final titulado muerte me produce en ocasiones un profundo estado de desolación, desesperanza y vacío. A partir de esta sencilla reflexión las posibilidades se enmarcan en un universo exponencial.
Uno de los ejemplos más subrayados durante este capítulo que me ocupa es el siguiente; Si desconociera que la vida culmina en el episodio de la muerte, nunca hubiera tenido pesadillas, ni me hubiera atormentado la idea de morir, de tal forma que la propia ignorancia me protegería de padecer y sufrir mi destino. Si embargo, la conciencia de un capítulo final titulado muerte me produce en ocasiones un profundo estado de desolación, desesperanza y vacío. A partir de esta sencilla reflexión las posibilidades se enmarcan en un universo exponencial.
¿Hasta donde quiero conocerme? ¿Encontraré la respuesta?
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